Revista Trimestral

GABRIELA SAMPER (1918-1974)

PRIMERA CINEASTA COLOMBIANA

Por: Maria Calle Guerrero

“Hace siete años cuando hice la película El páramo de Cumanday nunca pensé que esos textos podían decir lo que muchas líneas no expresan: «Yo no soy el fantasma del páramo, el verdadero fantasma es el miedo»... En ese momento no sabía lo que estaríamos viviendo, pero la frase se vuelve significativa ahora que se trata de amedrentarnos sistemáticamente... El miedo es el fantasma que se quiere imponer en Colombia y ese es el fantasma que tenemos la obligación de hacer desaparecer...” [1]

EL PÁRAMO DE CUMANDAY (1965), 22 min

 

https://www.youtube.com/watch?v=LRUhTOGEzEQ

LOS SANTÍSIMOS HERMANOS (1969), 12 min

 

https://www.youtube.com/watch?v=aeYLmr7meeA

Gabriela Samper se atrevió a hacer cine, a pensar cine, cuando ninguna mujer en ese momento en Colombia se había planteado hacerlo, cuando ni siquiera la imagen femenina del cine hablaba de ellas sino que eran todas imágenes de mujer objeto o mujer malvada, figuras que respondían a las necesidades narrativas masculinas (Esto cambiará con las vanguardias, siendo Fellini una de los primeros en ver y construir sujeciones femeninas distintas a los cánones rancios y discriminatorios).

 

Un cine y una sociedad que veía mal la participación femenina, tanto frente a la cámara (las actrices fueron repudiadas hasta la aceptación de las estrellas del esplendoroso Hollywood) como detrás de ellas, una sociedad que hasta 1951 no trató a las mujeres como ciudadanas, con derecho al voto. Cuando Gabriela Samper decide hacer cine, la poca participación femenina se limitaba a las maquilladoras, vestuaristas y una que otra asistente de dirección.

 

Comenzó su carrera cinematográfica cuando fundó, con el fotógrafo Ray Witlin, la primera productora de comerciales para cine de Colombia, Cinematográfica CINTA Ltda., dotada de equipos muy modernos, donde por primera vez se hicieron comerciales con técnicas muy novedosas. Esta productora nació con la intención de  producir sus documentales.

 

(...) Mi primera experiencia fue la de actriz, pero en realidad estaba aprendiendo la mecánica detrás de bambalinas pues tenía la idea de crear un teatro para niños. Me angustiaba el desierto cultural en que se encontraba y se encuentra aún la infancia colombiana”[2] .

 

Su cine, preocupado por recuperar el arte para toda la sociedad y sobre todo a quienes carecían de medios económicos o de acceso, estaba en contra de la homogenización de los modos de pensar, de trabajar, de comportarse. Esa búsqueda la llevó a mirar hacia las propias tradiciones con el fin de rescatar, preservar y difundir, una memoria que era probable que desapareciera.

“Saber qué somos y tener orgullo de ello; conocer nuestro ancestro, divulgarlo y elevar el sentimiento de nacionalidad del cual carece nuestro pueblo, es decir, darle igual importancia al desarrollo cultural que al económico y al socio-político (...) creo que sólo a través de los nuevos medios de comunicación: cine, diapositivas, fotos, cintas magnetofónicas, podemos guardar y luego divulgar nuestra herencia cultural."[3]

 

Para ella el documental es el “(…) género que prefiere a los demás, por las posibilidades que le brinda para mostrar una visión analítica e histórica de la vida cotidiana” . Y que no sólo se quedaba en realizarlos y distribuirlos, para ella era fundamental el diálogo con las propias comunidades filmadas, volver con la película terminada a entregarles su generosidad a la hora de filmarlos, y así, hacer espejo y reflexionar.

 

“Los campesinos exigían verla dos y tres veces. Intrigada, puesto que el documental mostraba la naturaleza que ellos estaban acostumbrados a ver, le pregunté a un anciano. ¿Por qué te gusta tanto el filme? "Luis Beltrán (el gritón) me ha quitado el miedo que por cincuenta años he sentido cuando tengo que pasar por esas soledades", me contestó. "Quiero verlo otra vez"[5] .

 

Su filmografía no es muy extensa, en todos los casos son cortometrajes documentales que no exceden los 30 min. A nivel formal experimentó con varias posibilidades narrativas y puntos de vista, generando toda una escuela con sus maneras de investigar y producir, creía que la unica forma de serle fiel a la realidad filmada era un largo proceso de investigación, en el que vivía durante años en los lugares y con las personas que investigaba.

[1]Carta de Gabriela Samper, escrita desde la cárcel, del texto de Mady Samper. El páramo de Cumanday de Gabriela Samper y Ray Witlin. Colección 40/25 Joyas del cine colombiano. Cinemateca Distrital de Bogotá / Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. 2011.

[2]Gabriela Samper, apartes del resumen de carrera artística. Fragmento extraído del libro: La presencia de la mujer en el cine colombiano. Paola Arboleda Ríos, Diana Osario Gómez. 2003

 

 

Fotografía: Google image

Ese es el caso de su primer documental, El Páramo de Cumanday (1965), donde  Samper y Witlin viven durante un año en el páramo con campesinos arrieros, para escuchar historias de tradición oral, familiarizar a sus protagonistas con la cámara y, a la manera de Flaherty , generar una naturalidad total a la hora de filmar. Una puesta en escena que da cuenta de un mito, que encierra los misterios de la vida del arriero,  la lucha por dominar el páramo, la lucha contra el miedo, como ella misma decía.

 

“El páramo de Cumanday fue muy importante para ella (...) porque esta película es una leyenda nuestra de arrieros, que habla del miedo. Dice que el verdadero fantasma del páramo, es el miedo (...) Lo primero que ella dice es que el miedo se va a comer a Colombia y es como visionaria para todo lo que estamos viviendo hoy en día. Ella hablaba de que Colombia tenía que ir contra el miedo”[6].

 

En El Hombre de la Sal, se internó en el mundo de un oficio ya extinguido con su pupilo, el fotógrafo Jorge Silva, durante tres años.

 

“El documental -El hombre de la sal- está hecho con la técnica de cámara participante, que se estructura sobre una pista de sonido sin narrador. El hilo conductor del proceso de trabajo se establece sobre el tema de una balada que reconstruye una melodía indígena y la voz de Don Marcos.

[3]Carta enviada por Gabriela Samper a la Fundación Guggenheim solicitando una beca. En:

Museo de Arte Moderno, Fragmento extraído del libro: La presencia de la mujer en el cine colombiano. Paola Arboleda Ríos, Diana Osario Gómez. 2003.

[4]Gabriela y Mady. Enrique Santos Molano. El tiempo.com 5 de noviembre de 2009 - http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-6522347

[5]Documentos y comentarios, en Museo de Arte Moderno. Fragmento extraído del libro: La presencia de la mujer en el cine colombiano. Paola Arboleda Ríos, Diana Osario Gómez. 2003.

[6]Entrevista con Mady Samper, directora de cine". Bogotá, 6 de julio de 2000. Extraído del libro: La presencia de la mujer en el cine colombiano. Paola Arboleda Ríos, Diana Osario Gómez. 2003.

 

 

Fotografía: festicine.com

El viejo habla siempre en proverbios, dando órdenes en forma de sentencias que dejan ver la desesperanza de su lucha infructuosa en contra del progreso industrial... "mi bolsillo está limpio, limpio como los piecitos de María Santísima". "Ándele, ándele mijo que el sol no para y hay que amar el alma". A lo largo de los meses de filmación se maduraron conceptos relacionados con el artesano y sus medios de producción y al final del filme se abre el interrogante sobre la suerte del artesano ante el avance de la tecnología”.[7]

 

En el documental Los Santísimos Hermanos (1969) aborda una secta religiosa que vive en las montañas del Tolima y que surge en los años sesenta como respuesta a  la violencia. Este grupo clama por hacer penitencia para conseguir la paz.  Esta película es, además, parte del  proyecto pedagógico de la directora, que consiste en incluir y entrenar jóvenes que serán las  futuras generaciones de documentalistas de renombre en Colombia. Este documental hace parte del Archivo de cine latinoamericano del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA).

 

Gabriela Samper abrió el camino a todas las mujeres cineastas que vendríamos después, incluyendo a la gran documentalista Marta Rodríguez, que podríamos decir es la otra “mamá” del cine colombiano, ya que para ella hacer cine, también traía consigo el que otros aprendieran a filmar para que contaran su propia realidad. Y es que hacerlo implicaba un conocimiento profundo, crítico y reflexivo de la propia realidad, que para ella era de lo que carecían los estudiantes en Colombia.

 

Una cineasta que hizo cine por encima de todo, a pesar de quebrase económicamente en el intento, de ser juzgada por su modo de vivir y que se hizo peligrosa a los ojos de un gobierno al que no le interesaba una población civil pensante y culta, como la que proponía Gabriela Samper.

 

“Fue apresada bajo la acusación de pertenecer a una célula del Ejército de Liberación Nacional, ELN. Tiempos oscurantistas, años de persecuciones a gentes de todos los estratos sociales: artistas, intelectuales, campesinos, indígenas. Colombia fue uno de los primeros países de América Latina en donde se instauró la tenebrosa Operación Cóndor”[8].

 

En respuesta a la detención irregular (apareció cuatro días después de su levantamiento como detenida), a las torturas y encarcelamiento durante cinco meses, los cineastas de todo el mundo se hicieron sentir con cartas y manifestaciones.

 

“En mucho países de América Latina cualquier oficio que obligue a un compromiso serio y riguroso con la verdad y con la historia, como es el caso de las y los cineastas, significa grandes riesgos de cárcel, tortura, persecución y muerte.

 

[El pueblo colombiano pretende] [¿?] utilizando la tortura, el chantaje y la violencia, ocultar la imagen de su propia realidad. Carlos Álvarez, Julia de Álvarez, Gabriela Samper, Manuel Vargas y el grupo de cineastas actualmente perseguidos y detenidos en prisiones militares no han hecho más que cumplir con su deber. Como respuesta, los cineastas de América Latina y del mundo asumen su defensa”[9].

 

Después de esos cinco meses en la cárcel, Gabriela Samper salió, por falta de pruebas, con una docena de cuentos bajo el brazo y la convicción de que había profundizado mucho más en el conocimiento de su país; tenía el proyecto de hacer un documental con las mujeres presas, pero este proyecto no llegó a su realización y sus cuentos fueron compilados en el libro 'La Guandoca', en el que relata su terrible experiencia como prisionera política, publicados después de su muerte.

 

“Recordamos cuando decía: "Lo mío no es nada... Pensar en las mujeres que torturan y acribillan a diario en toda América Latina es aún más triste"[10].

 

Desterrada por una injusta persecución, vive sus últimos años en Estados Unidos hasta 1974 y, enferma a causa de las torturas y maltratos que vivió en la cárcel, decide volver a Colombia, donde muere a los 56 años, después de una vida llena de dignidad asumida, tanto en su vida como en su obra.

 

“Ante todo, yo veía que las películas de Gabriela tenían un gran respeto hacia la gente. No había un narrador que dijera: "miren a ese pobre señor...", si había narrador, como en El hombre de la sal, se trata de una voz que cuenta exactamente lo que dijo el señor, pues en ese momento no se podía hacer sonido directo. El interés de Gabriela era respetar al grupo humano que estaba retratando (...) Lo importante de Gabriela es que ella fue una mujer que sentó precedentes, que fue contestataria, siendo Samper, porque la familia Samper es lo más godo del mundo. Ella fue una mujer, para su época, totalmente revolucionaria” [11].

EPÍLOGO

El estudioso de cine brasileño José Carlos Avellar identifica atinadamente esta complejidad:

 

“Las películas hechas por mujeres muestran que todas ellas, ya sea que traten de cuestiones femeninas o no, consciente o inconscientemente, están empeñadas en abordar la reinvención del papel de la mujer en la sociedad; tal vez menos que eso: en abordar los papeles femeninos en la dramaturgia del cine; tal vez más que eso: en abordar la reinvención de la sociedad para transformar el papel de la mujer y del hombre”[12].

[7] Dos filmes colombianos: Se llamaría Colombia y una película milagro". En: Revista Diners. Bogotá: No. 43 (Dic. - Ene., 1971); p. 67. Extraído del libro: La presencia de la mujer en el cine colombiano. Paola Arboleda Ríos, Diana Osario Gómez. 2003.

[8] Mady Samper. El páramo de Cumanday de Gabriela Samper y Ray Witlin. Colección 40/25 Joyas del cine colombiano. Cinemateca Distrital de Bogotá / Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. 2011.

[9] Colombia y la democracia, en Cine Cubano No 86- 87- 88 (1976); p. 78. Extraído del libro: La presencia de la mujer en el cine colombiano. Paola Arboleda Ríos, Diana Osario Gómez. 2003.

[10]Mandy Samper.  http://festicineantioquia.com/index.php/contenido/gabriela-samper.html

[11]Entrevista con Mady Samper, directora de cine". Bogotá, 6 de julio de 2000. Extraído del libro: La presencia de la mujer en el cine colombiano. Paola Arboleda Ríos, Diana Osario Gómez. 2003.

[12]Patricia Torres San Martín. Mujeres detrás de cámara. Revista Nueva Sociedad Nº 218. noviembre-diciembre de 2008.  Gijón. España.

FILMOGRAFÍA

· El páramo de Cumanday (1965), 22 min.

· Historia de muchos años (1965), 12 min.

· Una máscara para ti, una máscara para mí (1967), 19min.

· Ciudades en crisis ¿qué pasa? (1967), 21 min.

· Festival folclórico de Fómeque (1969), 12 min.

· Los santísimos hermanos (1969), 12 min.

· El hombre de la sal (1969), 12 min.

PREMIOS

· Historia de muchos años y Qué es Intercol: Catalina de Oro y una Mención de Oro en el VII Festival de Cartagena.

 

· El Páramo de Cumanday: Selección para el Festival de Puerto Rico en 1965. Tercer Festival de Cine organizado por las Naciones Unidas en Bogotá, donde obtuvo el tercer premio concedido a la categoría de cortometraje.

 

· El hombre de la sal: Festival de Valencia, Venezuela, en 1967 y la Cruz de Malta en el Primer Festival de Cine Latinoamericano en Córdoba, Argentina.

BIOGRAFÍA

Gabriela Samper (1918-1974) Directora de cine y teatro.

En 1928 ingresó al Gimnasio Femenino de Bogotá, donde estudió hasta 1936, cuando se graduó en la primera promoción de bachilleres de aquel colegio. Viajó a Europa y a Estados Unidos a estudiar Literatura Inglesa y Cuento Corto en la Universidad de Columbia en Nueva York, respectivamente. En la Academia Bodenwiser hizo entrenamiento en danza moderna y estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Colombia. En 1958 ingresó al grupo de teatro El Búho. En 1963 fue nombrada directora del Teatro Cultural del Parque Nacional. Escribió varios guiones y dirigió obras infantiles para la televisión nacional, con predilección por los temas históricos y culturales. En 1972, mientras se desempeñaba como directora de divulgación cultural del Instituto Agustín Codazzi, fue detenida por supuestas actividades subversivas. Al año siguiente fue a EUA, donde dictó cátedra sobre las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica. Su interés por los elementos autóctonos y el rescate de expresiones culturales del folclor y de la tradición colombiana quedó plasmado en varias de sus películas. Escribió varios cuentos cortos, publicados después de su muerte en el libro La Guandoca.

Esta biografía fue tomada del texto de Mady Samper. El páramo de Cumanday de Gabriela Samper y Ray Witlin. Colección 40/25 Joyas del cine colombiano. Cinemateca Distrital de Bogotá / Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. 2011.

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