Revista Trimestral

¡SÍ!

Nº7

 

JUL 2016

secciones

Débora Arango

Sin título

S.F

Óleo sobre tela

42,8 x 32,8

Colección Banco de la República

Tomado de www.banrepcultural.org

¡SÍ! Rotundo y contundente que retumbe en el planeta y llegue al cosmos. Es el momento de darle un vuelco total a esta sociedad que nos agobia tanto. ¡Sí a la paz! ¡Sí al bien hacer! ¡Sí al bien común! ¡Sí a la solidaridad! ¡Sí a la verdad! ¡Sí a la reparación! ¡Sí a la no repetición! Montones de sí para llenar de otras atmósferas este momento tan añorado desde hace muchísimo tiempo. Transformar la lógica del no es un primer paso, para salir del embrollo en que estamos como país, enlodado en guerras sucias y confundido el destino.

 

La paz que seduce y convoca es la paz que necesitamos, la buscada, la añorada, la paz querida, como la nombra Rodrigo Uprimy. Es el momento de imaginarnos otras maneras de convivir sin hacernos daños, de ser felices y empezar a andar por otros caminos, con distintos aires, aún con la certeza que los problemas están por resolverse, que los conflictos hacen parte de las vidas humanas, y que la manera de resolverlos es la que nos ubica en la guerra o en la paz, en la violencia o en la armonía. La paz como una ética y también como una manera de ser y crear, podría ser el sentido inicial de este sueño colectivo: lograr una paz justa, libre y sostenible.

 

Este número siete de La13 viene cargado de voces de mujeres que han trabajado por la paz desde distintos ámbitos, mujeres que han logrado abrir puertas, hacer caminos y sostener un trabajo continuo que acerque a más y más habitantes de nuestro país para que hagamos una paz posible. Aquí hablan en colectivo La Otra escuela, las madres de Soacha, y, como en cada número, llegan del otro lado del mar las migrantes colombianas que trabajan por la paz, a través de la pluma de Bibiana Pineda R., la creatividad visual y la palabra de Asor, y también la voz de las excombatientes durante el último trabajo en la Mesa de diálogos entre Farc y Gobierno colombiano. Resuenan las voces individuales de Rosa Emilia Salamanca, Ana Milena González Valencia, Piedad Córdoba Ruiz y hacemos un homenaje a Amparo Rodríguez Uribe junto con Darío Villamizar, su compañero de vida, porque la queremos con nosotras en este momento en que celebramos la firma del cese bilateral del fuego.

 

Los tejidos de las paces tienen varios hilos conductores y muchos sentidos y significados. Las acciones de la paz, en algunos casos, requieren dirimir juegos lingüísticos que enredan algunos hilos del tejido, por ejemplo: posible paz es distinto de paz posible: la primera pregunta y la segunda afirma. La posible paz es la que imaginamos, la que pregunta, critica, propone, es la paz que hagamos a la medida de nuestro imaginario. La paz posible es la que da resultados y hace parte de las memorias colectivas. La certeza de la paz posible es la que garantiza el conseguirla.

 

Sin perder el sentido crítico o la capacidad de disentir, son necesarios el optimismo, la visión positiva, las ganas de que resulte, para que la acción-creación colectiva de la paz logre su primer cometido: acabar con la guerra y sus violencias, como el único sentido que conocemos para que nuestra sociedad se relacione.

 

En estos momentos tan peligrosos es urgente no tener expectativas de sueños realizados. No olvidemos que la firma de un acuerdo es el punto de partida de un proceso que requiere una revisión profunda de una manera política de ser como país y como ciudadanía. La siembra y cosecha de la paz, la construcción, la creación, la acción, las muchas maneras de nombrar este momento, son el punto de partida y es, en esencia, la oportunidad de imaginarnos un país en paz con justicia social y libertad y la oportunidad de poner manos a la obra para lograrlo.

 

El tiempo de transición encierra grandes peligros, todo lo que se haga requiere mucha atención, tacto y precisión. Estamos caminando por una cuerda floja. El destemple y el desánimo son muy peligrosos. Esas atmósferas negativas logran hacer mella enorme en un país descreído y ultrajado. Sanar el pasado es reconciliarse sin necesidad de quererse; cada cual en sus posiciones, sin hacernos daño, con respeto, así podemos convivir sin retaliación. Se hacen  más que necesarias las pedagogías para la paz, para que a través de ellas se rediseñe el tejido simbólico, es decir la nueva ética que guíe las vidas desde las lógicas de la paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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