Revista Trimestral

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TERRITORIOS

Nº 3

 

abr 2015

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ISSN: 2539-3138

Fotografía: Germán Montes Veira

La tierra nos connota la geografía, la producción, lo tangible, lo tocable. El territorio nos conduce a los recuerdos, a la espiritualidad, a los sabores, olores, colores, sonidos, tactos que nos dan arraigo por el sentir profundo de la pertenencia. La tierra está asociada a la economía. El territorio a la cultura y son una unidad con dos expresiones muy específicas.

 

El territorio abarca la existencia humana y con ellos construimos naciones, regiones, lugares, pueblos… memorias que dibujan las geografías. La piel es el primer territorio de todo ser vivo. El cuerpo y el pensamiento son los lugares íntimos y personales que delimitan la individualidad. El ser colectivos nos define el espacio del ser social. Las casas, las veredas y los barrios son las geografías comunes que están unidas por memorias colectivas. Las identidades se tejen de recuerdos que les dan rostros a los territorios comunes. La noción y el concepto de nación están asociados a un territorio donde habita la memoria histórica que une en discursos un sentir colectivo del pasado.

 

El uso y el abuso de la tierra han generado las guerras en los territorios que conforman este país llamado Colombia. En la memoria histórica de la especie, ese, ha sido un móvil constante de las razones de las guerras. Desde el irrespeto a la vida hasta la vulneración de los derechos más elaborados; los territorios ancestrales, los nichos ambientales, la biodiversidad han sido vejados y en muchos casos arrasados. Son muchos los saldos y las heridas a la tierra y al territorio que le ha dejado, al país, la guerra en estos largos e interminables años. El daño físico y espiritual que ha producido este conflicto de violencia acendrada es visible en toda su desmesura en los territorios violados, desde la niña abusada hasta las lagunas de cianuro en la minería a cielo abierto.

 

Parar la guerra es la consigna más significativa y más sentida en estos momentos tan críticos y también tan esperanzadores. Los enemigos de la paz han existido siempre y se afianzan con más fuerza cuando vislumbran el fin de su gran negocio. Por fortuna cada día hay más personas empeñadas en hacer lo necesario para parar la guerra y apoyar el proceso de La Habana que aunque tengamos preguntas, críticas, vacíos es un buen intento de volvernos a plantear un país que se puede construir por fuera de los límites de la guerra.

 

Este número tres de La13 recoge en el concepto amplio de territorios las distintas versiones, opciones, opiniones, sugerencias y vivencias de que se procesan en el cuerpo- territorio, en la piel-texto, en las memorias, en los lugares, en los momentos.

 

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