Revista Trimestral

Nº6

 

mar 2016

¡PAZ!

ISSN: 2539-3138

Gif: AsorEste especial de los acuerdos de los noventa es una manera de hacer memoria y una sugerencia para aprender de los procesos y sus experiencias.

 

En una lectura de presente vamos y volvemos en los laberintos de las memorias, como una manera de encontrarle sentidos y significados a todo lo vivido y lo que estamos viviendo.

 

Los acuerdos, pactos, firmas y todas las maneras de buscar el fin de la guerra es una constante en la historia de Colombia. Hacer una república fue entendido como una confrontación de palabra y de obra, entendiéndose obra como enfrentamiento armado. Cada constitución, desde el nacimiento de la República, lleva una guerra a sus espaldas. Los acuerdos siempre se han pactado sobre la validez o no de la constitución vigente. A cada guerra una constitución - decía Alvaro Paredes, maestro de historia del siglo XIX-.

 

En un recorrido por personas, documentos, recuerdos, fotos, audios, van transcurriendo los sucesos, hechos y momentos  que han llevado a este proceso de ahora: la mesa de La Habana, que tiene en ascuas,  lleno de dudas, a un país escéptico y desinteresado de la política que le produce repelús y con una desconfianza a modo de coraza para aguantar los embates de la guerra sucia.

 

Cuando los acuerdos de los noventa la guerra sucia hace su presentación en sociedad al asesinar a la dirigencia de la izquierda, a líderes y guerrilleros. En los fallidos acuerdos de los ochenta el doble discurso de la derecha estaba acorazado en el paramilitarismo y en los años de la dejación de armas, ya la guerra sucia se ha metido en la vida de la gente colombiana.

 

El narcotráfico, el paramilitarismo, la corrupción estatal e institucional ya se vislumbran en alianzas y las trenzas están tejidas para azotar al país; su justificación ha sido acabar con la guerrilla, entonces, para qué los acuerdos de paz, si estos se  vuelven inconvenientes al quitarles la razón de ser a los señores de la guerra con sus objetivos contrainsurgentes. Para poder permanecer tenían que tener contendor: los negocios de la guerra sustentada en el narcotráfico no pueden quedar sin escenarios. El asesinato de Oscar W. Calvo, negociador del EPL, en medio de la negociación y la eliminación de la UP, entre muchas otras,  han sido claras pistas de la continua agresión y provocación al movimiento guerrillero que siempre ha estado negociando. Todas las guerrillas en Colombia han nacido para buscar la paz, lógica paradójica para comprender esta tendencia a la guerra sucia que se lee en toda nuestra historia reciente.

 

El asesinato de Carlos Pizarro, a 48 días de la firma de los acuerdos, es una clara provocación para romper el acuerdo. Y así con cada una de las guerrillas a las que se asesinó y persiguió masivamente. Muy significativa por agresiva y eficaz fue la persecución a la Corriente de Renovación Socialista, CRS, y sigue siendo contra el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT.

 

Las armas se dejan, se firman acuerdos y se mandan a través de los medios masivos mensajes donde la desconfianza en las guerrillas es una manera de ser cautelosos. El mensaje es venenoso porque lleva implícita una forma de sembrar dudas acerca de la guerrilla y tapar los verdaderos intereses en la continuación de la guerra.

 

 Nosotras y nosotros, firmantes de los acuerdos de los noventa, M-19, EPL, PRT, MAQL y CRS, hemos cumplido a pesar de las provocaciones, persecuciones y asesinatos. Seguimos empeñadas y empeñados en la paz como una manera de transformar la sociedad, como una manera de ser y de vivir.

 

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