Publicación de la Red Nacional de Mujeres

Excombatientes de la Insurgencia

¡NO MÁS!

Nº8

 

NOV 2016

secciones

ISSN: 2539-3138

Verdades, libertades y territorios constituyen una triada que contribuye a la creación de la democracia, desde nuevos y frescos parámetros. Verdades para confiar y reconciliar, libertades para el ejercicio de los derechos y territorio para la soberanía, la cultura y la autonomía. Este número tiene que ver con estos propósitos y con la esperanza, el análisis, las posibilidades, los caminos para ejercer nuestros derechos, las preguntas y las rabias sin respuesta.

 

Cómo ejercer un derecho del que no tenemos memoria colectiva. Las plazas llenas son necesarias. La paz es un derecho y la tarea de este momento es ejercerlo. La guerra se nos volvió una manera de vivir y de ser, como si estuviera acomodada en el sofá de nuestras casas, por eso no nos estremece saber que 70 vidas han sido cegadas en lo que va del año por pensar diferente. Desenraizar esa guerra de la vida cotidiana es el reto para este país ausente de sí mismo, desamparado y agobiado por los señores de la guerra que inyectan su veneno en las heridas de sus víctimas y las mantienen cautivas ofreciéndoles ayuda para sanar el dolor que ellos mismos producen.

 

El corazón del país convencido de la paz, aunque un poco débil y amenazado, está dispuesto a la acción, y la parte de su razón muestra un pensamiento exento de acciones plenas y sólo da señales a través de impulsos que no logran cuajar una contundencia que  que sea decisoria en este frágil y complejo momento. La inmovilidad que produce el desconcierto nos está afectando de manera sustancial. El dinero para el posconflicto es el primer juego de intereses que echa por la borda las ilusiones de la paz y los sueños de un país donde la búsqueda de la felicidad ha sido patrimonio único de la literatura rosa. La incertidumbre es pésima consejera y el riesgo grande es posponer y alargar y alargar porque la guerra se acomoda de nuevo.

 

Es lamentable este panorama que nos presentan los grandes medios de comunicación, donde el bien y el mal aparecen enfrentados como en las telenovelas. El bien es una sociedad sedienta de paz y el mal es otro sector de la sociedad sediento de sangre, aunque el mensaje subliminal es a la inversa, como lo expresa el más claro lenguaje de los lugares comunes. El discurso conducido por la derecha se expresa en lo que la lógica de la guerra lo ha vuelto obvio, matizado con una superficialidad que vuelve intrascendente y por fuera de las acciones ciudadanas, la complejidad del momento.

 

La libertad de expresión, de movimiento y de participación están aprisionadas entre los compromisos y lo políticamente correcto. Lo inaudito personificado en las continuas negativas del uribismo toma voz y cuerpo con más fuerza que los movimientos sociales. La paz y la libertad, no sólo están retenidas entre cajones y legajos de jueces y entre los discursos políticos, sino también expectantes y embolatadas en las amenazas constantes a los movimientos sociales que asumen el ejercicio de la paz en la participación y presencia a voces, en marchas, en cartas y comunicados, en redes sociales. Participar es subversivo en este país tan acomodado a los designios de una derecha que se agarra al poder y ataca con su guerra sucia.

 

Lo que está en juego en este momento es el derecho a la paz, el derecho a la participación y el derecho al territorio. Esos han sido los móviles de las guerrillas desde hace sesenta años. Esos son los derechos que no quiere reconocer la derecha. La paz se logra en el territorio, en la armonía con la naturaleza, en la participación respetuosa.

 

No tenemos memoria colectiva de la paz y su cotidiano, la guerra se ha metido hondo en nuestras vidas, por ello, el desarmar el cuerpo y el alma es un primer paso necesario para aprender a convivir sin hacernos daño y buscar la felicidad como un bien común.

 

 

 

 

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