Publicación de la Red Nacional de Mujeres

Excombatientes de la Insurgencia

VERDAD

Nº9

 

MAR 2017

secciones

ISSN: 2539-3138

foto: www.curiator.com

Cerámica encontrada en Remojadas, Veracruz, México.

 

"Doble cara, tres ojos: "Para

conciliar las dualidades, contrarios, como la vida / la muerte, la juventud /

la vejez, lo sagrado / profano, o el varón / la hembra, algunas imágenes fueron

hechas para incorporar ambos conceptos a la vez.”

 

Habitamos un tiempo confuso y vivimos en una sociedad acomodada en las mentiras, por ello las verdades que tejen una verdad colectiva son invisibles, olvidadas, imprecisas, incómodas, inasibles y manipuladas. La verdad colectiva es nutricia y permite una reconciliación necesaria para lograr la paz estable y duradera.

 

¿Qué es la verdad? ¿Qué son las verdades? El sentimiento que evidencia a la verdad es el de la certeza que se siente entre el pecho, la espalda, la garganta y el estómago y las palabras fluyen con convicción ¡Eso es!, ¡Así es!  O, por el contario, cuando se tiene la certeza de que no es, ¡Eso no! ¡Así no! En las personas aficionadas al fútbol aflora fácil con un gol o una gran jugada y también cuando no coincide con lo esperado. Si se localiza en el cuerpo las sensaciones que producen certezas se siente la verdad y permite comprender su real dimensión en la siembra de la paz. Hay que tejer verdades para tener certezas.

 

Las certezas, como todo lo humano, se dan en positivo y en negativo. Las verdades están en nuestros sentimientos y las teorizamos a menudo. La sinceridad le produce confianza a la verdad, al igual que la espontaneidad. La mentira se evidencia en el doble mensaje, los relatos acomodados, las versiones obligadas, los olvidos oficiales que tienen el poder del borramiento, de la misma manera que las memorias oficiales construyen imaginarios que se basan en su única narrativa. La exclusión se sostiene sobre la única verdad, el único relato y el privilegio de ser parte de una élite. Así se ha escrito la historia y se imponen las leyes, así se silencia la otredad.  Y sobre estas verdades oficiales, verdades del poder, el logro humano se traduce en pertenecer a las élites y la gente del común nunca lo logra y  ello acrecienta el arribismo, uno de los peores vicios de las sociedades excluyentes. La certeza de un engaño lleva a esclarecer una situación y las verdades tejidas aclaran y forman relatos, aunque otras veces confunden, cuando las narrativas se vician de mentiras.

 

Las verdades son tantas como personas habitan el planeta, si las situamos en el ámbito de lo individual, y  son muchísimas, variadas y diversas cuando las acomodamos al rompecabezas colectivo. La verdad es un tejido de verdades, por eso es tan inasible y se requiere de la certeza para comprobarla. Las verdades colectivas son las que necesitan tejer en esta entrada difícil al pos-acuerdo, para ir desenredando la madeja de la vida colombiana, perdida en su propio destino.

 

Las verdades para las reparaciones, para sanar las heridas de la guerra y vivir desde otras lógicas de comportamiento; para sembrar paz en la comida, en la escuela, en la cama, en el trabajo, en la calle, en la cocina, en el gobierno, en las fuerzas militares, en los alcaldes, en las familias, en las guerrillas, en los comercios, en el Congreso, en todos los actos de la vida pública y de la vida privada.

 

La verdad colectiva, entendida como el tejido de las verdades de personas y de grupos, se sustenta en el bien común, en el respeto a la diferencia y en el ejercicio de los derechos humanos para sustentar la justicia, la reparación y la garantía de no repetición.

 

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