Fotografía: Archivo familiar

Por: Luz Bibiana Pineda R.

Pensando que su exilio era temporal, permaneció durante varios años viviendo como si estuviese suspendida en el tiempo y negándose a echar raíces de ningún tipo. Cerrando la posibilidad de arraigo en un sitio distinto a su Bogotá natal, dejó pasar varios años antes de llamar “hogar” a la casa que Amnistía Internacional le asignó a ella, a su compañero y a su hijo Nicolás en su presurosa llegada a Madrid en el año 1998. Para ella, era un techo con dos camas y unas sillas, nada más. Nunca pensó en “apropiarse” del espacio y personalizarlo de manera que la vida fuera de Colombia le resultara un poco más agradable y le significara algún tipo de comodidad vital. Y así vivió más de cuatro años, sin arriesgarse a plantearse el no retorno.

 

La psicopedagoga Mercedes Rodríguez ha dedicado su vida al activismo por la visualización y empoderamiento de las mujeres, así como a la ejecución de iniciativas de desarrollo de éstas y sus hijos. Es éste interés el que la llevó, a muy temprana edad y siendo aun estudiante universitaria, a vincularse a una fundación clerical dedicada a la ayuda de la población de los barrios periféricos de la capital colombiana, gestionando proyectos agroalimentarios y de nutrición con enfoque más amplio y vinculante que el dar de comer al hambriento.

Así comienza una carrera a la que aun hoy no ha dado tregua, dedicada al activismo en pro del bienestar de la mujer y su entorno familiar. Es éste compromiso humano con los excluidos de cualquier beneficio social por parte del Estado, lo que la lleva a involucrarse cada vez más en la solución de la problemática vital de tantos y tantos compatriotas que lenta y paulatinamente iban (y siguen) ocupando los cerros surorientales de la capital del país, especialmente en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar. Y es allí, en el desarrollo de su trabajo en estas zonas, donde conoció al historiador y formador Iván Forero, su pareja y padre de su hijo, con quien lleva 27 años de unión, lucha, compromiso solidario y exilio.

A raíz de éste trabajo y ante el incremento desbordado en el desplazamiento interno que durante los años 80’s y 90’s azotó especialmente al país, es invitada a  vincularse como responsable de proyectos en Justicia y Paz Interfransiscana, otra organización clerical dedicada al acompañamiento y denuncia de las violaciones a los derechos humanos en las zonas más violentas de Colombia, organización que colaboraba con el Proyecto Colombia Nunca Más, un grupo interdisciplinar articulado por la Comisión Intercongregasional de Justicia y Paz liderada por el padre jesuita Javier Giraldo y del que también hacía parte activa su esposo.

 

EL MIEDO

 

Tras años de activismo intenso y pese a que su trabajo era de compromiso serio, las fuertes “pisadas de animal grande” que sintió, vinieron a consecuencia del trabajo en la preservación de los derechos humanos al que su esposo estaba vinculado, al igual que ella, desde muy joven. Cuando el miedo se apodera de la seguridad, no hay manera de dormir tranquilos y esto fue lo que le sucedió a Mercedes, a quien la sensación de inseguridad la obligó a ella y su pareja a tomar la decisión de abandonar el nido, la raíz, el entorno y emprender el vuelo a mundos más apacibles. “si lo que pretendían con las amenazas era amedrentar y sembrar el miedo, en mí lo consiguieron, porque el pánico, en lo que a mí respecta, lo sembraron de verdad” –asegura.

En ese momento, el Programa “Colombia Nunca Más”, al que pertenecía Iván, se encontraba documentando cientos y cientos de casos de violación sistemática de los derechos humanos, para llevar a los tribunales de la justicia internacional los crímenes de lesa humanidad cometidos contra miembros de organizaciones populares, sociales, sindicales, políticas, indígenas, estudiantiles, cristianas, de maestros y de población civil víctima del conflicto –entre otros-, y que de manera absurda estaban desangrando al país. Este trabajo de investigación y denuncia puso a Justicia y Paz en la mira de quienes no les interesa la paz de Colombia y todos los involucrados se convirtieron en objetivos de intimidación, allanamientos y vigilancia,  de tal manera que, sin excepción, sus miembros pasaron de ser defensores de los derechos humanos, a convertirse en “objetivo militar” en constante peligro de muerte.

Además de las múltiples amenazas, seguimientos, vigilancia y hostigamientos de todo tipo que incluían interceptación de las llamadas telefónicas -que ya habían pasado a hacer parte del día a día-, hubo dos hechos que tocaron muy de cerca de la pareja que hicieron que todas las alarmas del pánico saltaran alrededor de Mercedes y ya no se sintiera segura ni en su propia casa. Uno fue el asesinato del abogado y defensor de derechos humanos Eduardo Umaña Mendoza y el otro, el atroz crimen de la pareja Mario Calderón y Elsa Alvarado en su propia residencia, y quienes además de ser amigos muy cercanos, trabajaban en estrecha coordinación con su compañero.

La decisión del exilio no solo fue alentada por la urgencia de salvar su vida y la de su hijo, sino por la protección que entendía le debía a su entorno, pues al provenir de una familia muy unida, sabía que en el momento de un atentado no solamente se vería afectada ella y su pareja, sino su grupo familiar. Así es que manejando la decisión con la mayor prudencia, de manera que no generara alarma en nadie cercano, en cuestión de un mes deshizo su casa, notificó a sus seres queridos que por cuestiones de trabajo se irían del país durante un año, e hizo una de las cosas más difíciles de aquella decisión: arrancar a su hijo del núcleo familiar y social en el que había vivido sus nueve años de existencia.

 

LA SALIDA

 

Fotografía: Archivo FamiliarFotografía: Archivo FamiliarElegir el lugar al cual ir no fue tarea fácil -¿Y a dónde vamos?- Se preguntaban. Además del idioma, en la elección de España influyó el contar en este país con amigos hechos a lo largo de muchos años en el trabajo solidario que, una vez Amnistía Internacional -mediante un programa de protección a defensores de derechos humanos- abriera la puerta de entrada, les acogieron con los brazos abiertos e intentaron apoyarles en todo lo que una familia necesita para abrirse paso en un país y una sociedad que no conoce.

Éste era el segundo exilio para su esposo. En el primero, con valentía y total autonomía, Mercedes decidió quedarse en Colombia mientras que Iván salió durante algo más de un año a Centro América. Pero ésta vez con dolor, tristeza y pánico ante la sevicia e impunidad con que se asesinaban a los defensores de la vida en Colombia, entendió que si no salía del país junto a marido, sus días y los de su hijo estarían contados. Aun en la prisa por “arreglar” sus cosas para salir cuanto antes, Mercedes no podía comprender el por qué, si ellos no estaban haciendo nada malo, si nunca habían estado involucrados con la guerra, tenían que salir de esa forma del país; por qué, si lo que siempre habían hecho desde la construcción de alternativas de vida era colaborar con la paz, estaban siendo arrojados al exilio obligándolos a partir en dos su historia y con ella la de sus familias.

El hecho de que el programa de Amnistía Internacional les garantizaba subsistencia básica durante un año de permanencia en el país de asilo, hizo que desde el inicio el planteamiento del exilio fuera tomado como un “año sabático”, pensando en que pasado ese tiempo las condiciones del país ya fueran las apropiadas para regresar a continuar con su vida de antes. Pero no, esto generalmente no es así y para Mercedes tampoco lo fue. Desde un comienzo tomó su salida como algo temporal y así vivió, con temporalidad durante varios años, pues como la mayoría de los amenazados, nunca pensó que el refugio le serviría para iniciar una nueva vida, ya que ella no quería una vida nueva, quería la vida en su país, la que tenía dedicada a su trabajo de acción social mientras veía crecer a su hijo en un entorno familiar. Asumir esa temporalidad de estancia hizo que dejara pasar varios años sin permitirse arraigar nada, ni reconstruir su vida con otros derroteros y otras perspectivas, sino viviendo todo de manera ocasional.

 

LA TRANSICIÓN

 

Una de las cosas que más le afectaron fue el cambio de vida para su hijo Nicolás, quien pasó de un colegio de educación personalizada, en el que le enseñaban a pensar, a un colegio normal en el que le costó mucho adaptarse al tipo de aprendizaje basado en la repetición y a una manera de hablar que le resultaba demasiado brusca y con la que se sentía regañado permanentemente. Separarlo de sus amiguitos, de sus primos, de sus vecinos y llevarlo a un mundo de adultos en el que las conversaciones giraban alrededor de la difícil situación colombiana, resultó complicado para el pequeño, así es que la pareja tuvo que comenzar a buscar espacios en los que el niño estuviera en un mundo acorde con su edad; y es a través de una escuela de fútbol en la que comenzaron lentamente a construirle su mundo infantil.

 

Una vez aterrizados en Madrid, su esposo se dedicó a denunciar la situación de violencia e impunidad en Colombia a lo largo y ancho de Europa y Mercedes, por su parte, se dedicó por completo a su hijo y a facilitarle todos los medios necesarios para su adaptación. Pasados unos meses, a la par que decidió vincularse como voluntaria de Amnistía Internacional, mediante una beca en la Universidad Carlos III realizó un máster en Cooperación al Desarrollo, que le permitió abrir puertas que ayudaban a la subsistencia familiar y, en cierta medida, para continuar desarrollando su activismo. Es así como inicia su vida laboral en España, trabajando en distintas ONG’s, entre ellas la misma Amnistía Internacional Madrid, la Coordinadora de ONG’s, Educación Cultura y Solidaridad y haciendo parte de Mujeres de Negro Contra la Guerra, a la vez que, “mientras llegaba el momento de volver”, continuaba estudiando y haciendo distintos cursos y diplomados, preparándose así para el regreso.

 

LA DECISIÓN

 

Esperando a que la situación mejorara en Colombia, pasaron cuatro años en los que ni allí cambiaba nada, ni ella echaba raíces aquí, hasta que un día analizó su situación y la de su alrededor y vio que su vida estaba siendo temporal en todo. Su casa era temporal, sus amistades temporales, el “yo no hago esto”, “yo no compro esto”, se había apropiado de su discurso y ya no estaba en Bogotá, pero tampoco  estaba en Madrid. Su polo a la tierra española fue su hijo Nicolás; él, quien ya entraba a la adolescencia, sí que se estaba adaptando al cambio, ya tenía amigos y estaba creando un nuevo mundo. Ver cómo se iba adaptado a su nueva vida le quitó la fuerza para desarraigarlo una segunda vez y la llevó a tomar la decisión de hacer de éste país un lugar donde quedarse y vivir indefinidamente, concediéndose tener de nuevo la sensación de pertenencia a un lugar.

 

Respetuoso de todas las decisiones de Mercedes, su esposo aceptó la decisión tomada y los dos hicieron de España su residencia indefinida. Con ello -asegura Mercedes- no estaba renunciando al retorno, solamente aceptando que cuando ella eligiera regresar, su hijo debía tener la capacidad de decisión autónoma para volver, o no; aunque cada vez ve que para él Colombia ya es un lugar lejano a su realidad. Hoy, Nicolás es un profesional que se abre paso en el mundo del deporte y ella, cada vez, está más “hecha” a la ciudad y al país de acogida.

Y así fue como un día pintó su casa, cambió los muebles, compro plantas, dio su toque personal al espacio y comenzó a sentir el lugar, el mismo que habita desde hace diecisiete años como su hogar estable. Dejó de hablar del retorno, del regreso, del día en que volviera y comenzó a asumir su vida de manera estable, cultivando más en profundidad a sus amistades y, entendiendo que la estabilidad y la seguridad de vivir en un país como España, era real.

 

Actualmente continúa viviendo de esa manera, de forma estable emocionalmente mediante la plena adaptación al país de acogida, y continúa elaborando su tejido social firme y sin abandonar su activismo en favor de las mujeres, vinculada a la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España, trenzando ciudadanía con hilos de identidad y visibilizando la realidad de las mujeres inmigrantes. Su labor de formadora y orientadora le ha permitido ayudar a otras mujeres, de distintas nacionalidades a que su permanencia en ésta sociedad vaya más allá del pensamiento simple y de defensa de asumir su estancia como temporal, viviéndola únicamente como proveedoras de mano de obra y sin integrarse al entorno, ni permitirse echar raíces.

 

LA VALORACIÓN

 

Si algo bueno ha encontrado en el exilio esta bogotana de sonrisa amplia y mirada profunda que aun sigue creyendo en Colombia, es que, el estar en contacto con mujeres de diversas nacionalidades y distintas zonas de Colombia, le ha permitido conocer gente que en otras circunstancias jamás pensó conocer, así como cultivar amistades que de otra manera no habría podido. Esto, asegura, le ha ampliado su visión del mundo, algo que ve como un gran patrimonio, no solo personal, sino cultural. Igualmente le ha sucedido con Colombia, pues en algunos aspectos y en determinados momentos, tener acceso a mucha más información de la que se tiene allí, le ha dado la posibilidad de dejar de ver a su país de manera local, para analizarlo en un contexto mucho más amplio, de manera global.

Y, finalmente, algo que desde su llegada a España la ha cautivado y que siempre intenta transmitir a las mujeres con las que tiene contacto, es la libertad que como género se tiene en éste país, el estilo de vida, la cultura y la amplia posibilidad de desarrollo. “Aquí, la ciudad también es nuestra, hay muchas actividades para nosotras; la libertad de salir, entrar, ir y venir de las mujeres sin necesidad de mirar la hora, es algo que valoro inmensamente y es un espacio que en su momento se ganó y que está ahí para que lo vivamos y lo hagamos nuestro. Me quedo con la España diversa, con la España cultural y con su historia y no con la España que a veces nos quieren pintar de toreros y flamenco, porque este país es mucho más que eso”.

 

¿Y el sueño? Jubilarse en Colombia en una colonia de mujeres, que sea una eco-aldea auto-gestionada por y para mujeres. ¿Qué le falta? Su mamá, los afectos familiares, las fiestas en las casas y las frutas.

 

Blog de la autora:www.ypensandolobien.com

COMENTARIOS

© La 13 Revista Virtual. Web Onca creativa